Es, como es de sobra conocido, el título de una película, de una buena película, un poco extraña y oscura, pero que mueve a la reflexión, lo que no suele ser habitual en los tiempos que corren. No soy una persona a la que le gusten las películas complicadas, pero debo reconocer que, en algunos casos, la realidad supera a la ficción, y, desgraciadamente, en mi Municipio estamos en ese supuesto en lo que lo extraño se ha convertido en cotidiano por obra y gracia, no del Séptimo Arte, sino de lo que supone un enrarecimiento de las relaciones interinstitucionales.
Me explico. Hace alrededor de 130 años Durango tuvo la inmensa suerte de ser una de las estaciones intermedias entre Bilbao y Donostia en el trazado novísimo del ferrocarril. No fue una decisión exenta de controversia. A muchas y muchos de los que hemos sufrido en nuestras carnes las protestas casi “personalizadas” de colectivos contrarios a otras infraestructuras ferroviarias más modernas nos sorprendería leer (por repetidas y actualizables) algunas de las críticas que se le hicieron entonces al tren (mensajes catastrofistas incluidos). Entretanto Durango ha crecido y se ha expandido de manera razonable a lo largo de ambas márgenes de la vía del tren, generándose 6 pasos a nivel solo en nuestro Municipio.
Siglo y pico más tarde, con las buenas gestiones del Gobierno Vasco de la época y el Ayuntamiento de la época, se acordó soterrar la vía a su paso por Durango, así como nuestra estación. Lo que debía ser una realidad casi palpable es aún una aproximación de futuro.
En noviembre 2011 se anunció desde el Ejecutivo de Lakua que, por tercer año consecutivo, las obras de soterramiento se atrasaban un año más, hasta el 2013, año electoral, por otra parte. Además, curiosamente, esta Alcaldesa ha tenido conocimiento de este hecho por los medios de comunicación, lo que supone un desprecio absoluto, no hacia mi persona, sino hacia la institución que represento, el Ayuntamiento de Durango y hacia las y los durangarras, que son, víctimas diarias del colapso circulatorio que genera la bajada de barreras 4 veces a la hora, o del paso forzoso por exactamente estos 6 puntos a la hora de atravesar su pueblo (lo que, en tiempo, puede suponer del orden de hasta 15 minutos de espera). Hablar en términos de libertad de movimiento... es casi de película.
No somos ajenos a la situación económica que nos rodea. Sabemos de primera mano qué es tener que retrasar en el tiempo las infraestructuras programadas porque hay que atender urgencias sociales. Lo que no alcanzamos a comprender es con qué dinero se ha hecho frente a inversiones que no estaban previstas en presupuesto, como las que corresponden al nuevo apeadero de Ardatza, en Eibar, mientras que nuestra obra queda relegada, aun estando meticulosamente prevista en presupuestos. Eibar se merece las obras necesarias para su desarrollo, pero Durango no es menos que nadie.
Y volviendo al título que nos ocupa, queremos creer que este “aviso mediático” no se debe, precisamente, a una “vendetta” que responda, de algún modo, a las diferencias de carácter político o a que el Ayuntamiento que represento no se pliega a pagar la mitad del famoso desmantelamiento de los pasos a nivel, lo que supondría, a todas luces, un grave castigo para las y los durangarras. ¿Con “V” de vendetta?
2012/03/30 11:00
EUZKO GUDARIAK2011/11/18 10:53
GUREAREN ALDE