
Hemos vuelto de Chile y Argentina. Ha sido una experiencia muy positiva y también intensa. Intensa en actividades pero además en emociones.
Nuestro objetivo era conocer y compartir las experiencias sobre reconocimiento y reparación a víctimas, así como las políticas sobre Memoria que han puesto en marcha sociedades que en un pasado más o menos reciente han vivido historias de graves violaciones de los derechos humanos.
Así en Chile hemos conocido el Museo de la Memoria y los Derechos humanos, el Memorial del Paine, y los sitios de memoria construidos en los antiguos centros de detención, tortura y exterminio de Villa Grimaldi y Londres 38. En Argentina visitamos el Parque de la Memoria y las diferentes instituciones que comparten el Espacio para la Memoria y la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos, que se encuentra situado en la tristemente famosa Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Allí fueron detenidas, torturadas y hechas desaparecer más de 5.000 personas. En todas ellas hemos revivido el horror que sufrieron miles de hombres y mujeres detenidas, torturadas, ejecutadas, y desaparecidas. Y lo hacen no recreándose en los hechos del pasado, sino mirando al futuro, intentando prevenir que hechos así puedan volver a repetirse.
Hemos podido compartir experiencias en Chile con el recientemente creado Instituto Nacional de Derechos Humanos, y en ambos países con diferentes actores políticos, sociales, académicos, asociaciones de víctimas, de derechos humanos, ONGs.
Hemos conocido los diferentes pasos dados en la búsqueda de la verdad y la justicia, a través de las acciones de los diferentes Gobiernos, las leyes aprobadas, y las medidas de reparación adoptadas.
Una de las conclusiones claras es la dificultad que estos procesos tienen en cualquier lugar del mundo. Son historias de pasos adelante y atrás, de intentos de buscar la verdad y la justicia, y de obstáculos en el camino. En Chile tres comisiones de la verdad con sus informes Retig y Valech I y II, o en Argentina una Ley de punto final y obediencia debida, derogada hace pocos años durante el mandato de Néstor Kirchner, no han cerrado aún el proceso.
Los intentos por olvidar lo sucedido, evitar la asunción de responsabilidades, o falsear la historia no sirven para construir la convivencia. Las leyes de punto final lejos de cicatrizar heridas, sólo sirven para falsos cierres que suponen la infección del sufrimiento y la división.
En cada visita, en cada reunión mantenida, se nos hacían más evidentes los errores de una transición, la española, basada en el pasar página, en el olvido de lo sucedido, en tapar la verdad y evitar la justicia. Resulta paradójico que en Chile, con el Dictador Pinochet aún como Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, se pusiese en marcha una Comisión para la verdad y la reconciliación, que en el plazo de nueve meses había investigado las detenciones, desapariciones y ejecuciones , y había confeccionado un listado, el Informe Retig, con más de tres mil detenidos-desaparecidos y ejecutados, mientras en España a día de hoy no ha habido una investigación oficial sobre los mismos hechos entre 1939 y 1975.
El olvido no sirve, no previene a las futuras generaciones, no crea conciencia del valor supremo de los derechos humanos.
Por eso es importante que no volvamos a repetir errores. Ahora que estamos viendo el final de otra dictadura, la de ETA, no debemos permitir que se pretenda tapar la verdad del sufrimiento, de la persecución, y de la práctica del terror para imponer un proyecto político. Son necesarios los espacios para la memoria, lugares donde a través del recuerdo de lo que las víctimas han padecido, se promuevan valores de paz, de convivencia y de educación en derechos humanos.
Otra de las conclusiones de lo visto es que para avanzar es fundamental buscar complicidades, favorecer encuentros, tejer consensos. Demasiadas veces se ha usado el dolor para el enfrentamiento con el adversario político. Debemos construir la memoria desde el acuerdo, alejándonos de la utilización política y del cortoplacismo propagandístico.
Por eso me causó una desagradable sorpresa enterarme en Chile que mientras allí intentábamos construir consensos, el Lehendakari Lopez, junto con los consejeros Ares y Urgell anunciaba en rueda de prensa la celebración, en el marco del 75 aniversario del bombardeo de Gernika, de un “Congreso de Convivencia y Memoria en favor de un relato veraz sobre ETA”. Una efemérides como esa, merecía un trabajo en conjunto de todas las instituciones vascas, partidos políticos y organizaciones de derechos humanos. El Gobierno tenía ejemplos bien cercanos en el tiempo. El pasado 2011 se ha celebrado el 75 aniversario de la constitución del 1er Gobierno Vasco. Se han realizado múltiples actividades todas ellas impulsadas por una Comisión diversa, plural, “transversal”. Pero en esta ocasión no se ha querido aprovechar la oportunidad para avanzar en el acuerdo. El Gobierno impulsa una vez más un programa unilateral, buscando el autobombo y la propaganda más que un trabajo eficaz. Interesa más la foto con Susan Sarandon que la foto con el resto de partidos políticos y agentes sociales impulsando políticas de memoria y convivencia.
No cuestiono la oportunidad de aprovechar el 75 aniversario del bombardeo de Gernika para contribuir a “un relato justo y veraz delo que ha supuesto el terrorismo de ETA, hacer memoria sobre el horror pasado y lanzar un grito a favor de la convivencia”. Puede ser incluso una ocasión inmejorable. Pero no deja de ser paradójico que un Congreso sobre Convivencia y Memoria que se celebra para conmemorar esa efemérides, se centre exclusiva o fundamentalmente en el terror de ETA mientras las víctimas del bombardeo no han recibido aún una petición de perdón, ni de reconocimiento del daño causado por parte del Estado. Mientras muchas de las víctimas de 40 años de dictadura siguen aún sin haber conocido la verdad, la justicia y la reparación.
Construir la memoria del sufrimiento producido por ETA es absolutamente necesario. Tener presente a sus víctimas como testimonio claro de lo sucedido es una obligación moral y una vacuna contra la repetición. Pero no debemos hacerlo sobre el olvido de otras víctimas o la infravaloración de otras violaciones de derechos humanos, de otros sufrimientos igualmente injustos. De lo contrario será imposible construir una sociedad basada en la convivencia, la democracia y el valor supremo de los Derechos humanos.
Iñigo Iturrate Ibarra
2012/05/14 10:00
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Construyendo la Memoria