EL Gobierno López lleva ya 32 meses -¡¡pronto cumple tres años la criatura!!- en el Ejecutivo. Tiempo suficiente para que todas aquellas personas que poblamos estos lares conozcamos la querencia -¿tal vez obsesión?- que tienen por la foto. El tratamiento mediático de la tramitación de lo que se terminó por conocer como Ley Antitabaco fue un claro ejemplo de ello.
La prisa por salir en la foto -ser la primera era su deseo- llevó a la consejera Gemma Zabaleta a no ser exquisita en las formas. Hablaba, entonces, Zabaleta de "consenso" y, desde luego, con el Grupo Nacionalistas Vascos no había consensuado nada; y parece ser que con otros grupos parlamentarios, tampoco. ¿A qué llamaría "consenso"?
La Ley Antitabaco fue una de esas leyes que ya antes de dar comienzo a su tramitación suscitó mucha controversia. ¿Quién de ustedes no ha opinado alguna vez sobre ella? Por ello, la tramitación del proyecto de ley debiera haber sido abordado con sumo cuidado y precisión, huyendo de polémicas inútiles desde una perspectiva de práctica política, al objeto de garantizar que el nuevo texto legislativo fuera eficaz tanto en la consecución de sus objetivos sociales como en su cumplimiento.
A nuestro juicio, es bueno alejarse del ruido mediático, tomar cierta distancia, centrarse y concentrarse en la tarea que realmente debe ocuparnos a las parlamentarias y parlamentarios: documentarnos, informarnos, estudiar, consultar, contrastar, fijar posición, negociar, llegar a acuerdos, buscar consensos para, finalmente, legislar.
La famosa Ley Antitabaco es, en realidad, la Ley Vasca de Drogodependencias que, como tal, no solo regula aspectos relacionadas con el tabaco sino que aborda cuestiones del ámbito de las drogas, tanto legales como ilegales. La modificación de ley aprobada entonces -hace ahora justo un año- solo afectaba a la regulación de la venta, consumo, publicidad… del tabaco sin aprovechar el viaje para hacer una reforma de la ley de más calado. Y aunque, desde un punto de vista de eficacia y eficiencia, no parece lo más razonable modificar una ley dos veces en menos de dos años -desde luego no refleja una buena planificación del calendario legislativo-, esa reforma de la ley de más calado, la reforma integral, se realizará -según parece- este año 2012. Y esta vez también viene acompañada de polémica. Qué curioso. ¿Les suena la polémica surgida a raíz de unas declaraciones y otras contradeclaraciones relacionadas con el consumo de cannabis? Pues sí, esa es la polémica que esta vez les ha acercado hasta su deseada prensa.
La realidad social en relación con el consumo de cannabis nos conduce a situar a colectivos y asociaciones de consumidores en la alegalidad y en una situación de inseguridad jurídica a la que deberemos dar solución. Por tanto, es razonable que este contexto nos lleve a un cambio legislativo. Pero debe tratarse de un cambio legislativo hecho con rigor y responsabilidad, evitando rifirrafes que dificulten su efectividad social y su eficacia solo porque el consejero o consejera de turno tiene prisa por salir primero y, sobre todo, solo en la foto.
Según propuesta del Gobierno vasco, de ahora en adelante, ni el Plan ni la Ley de Drogodependencias se seguirán llamando así: se llamarán Plan y Ley de Adicciones, incluyendo en los mismos otros tipos de adicciones que hasta ahora no estaban incluidos, como la adicción a internet por poner un ejemplo. Tal vez deberíamos proponer una enmienda al proyecto de ley que, en su momento, presente el Gobierno en el Parlamento: una enmienda de adición para que incluyan también la adicción a la prensa, la prensadicción.
Ahora bien, el consejero responsable del área ahora es el señor Rafael Bengoa y no Gemma Zabaleta, lo cual nos debe llevar a pensar que la adicción a generar polémicas y a salir en la prensa no es cuestión de un consejero u otro sino que es la marca de la casa. La marca del Ejecutivo López.
Deseamos sinceramente que la Ley de Drogodependencias o de Adicciones, si finalmente se llama así, sea una ley realmente concebida como un instrumento para conseguir, entre otros, un fin tan importante como la protección de la salud pública; una ley que garantice su efectividad social en todas las materias que regula. Para ello, será importante contar con un amplio consenso político. Y parece que quien quiera lograr el consenso deberá velar más por el sosiego y por el trabajo discreto y ordenado que por la controversia y la polémica mediática.
Si quieren tener éxito en su empresa deberán, necesariamente, controlar su prensadicción.
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