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  • 17/09/2014

    Manifiesto: referéndum de Escocia

    • Tipo: Manifiesto

    Ante la celebración, el próximo día 18 de septiembre, del referéndum en relación a la independencia de Escocia, Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), Nieuw-Vlaamse Alliantie (N-Va) y Eusko Alderdi Jeltzalea-Partido Nacionalista Vasco (EAJ-PNV) expresan las siguientes consideraciones:

    Primera.- Saludamos a la Nación Escocesa y felicitamos a sus ciudadanos que, en virtud del derecho que les asiste como Pueblo, determinarán libre y democráticamente, mediante dicho referéndum, el futuro de Escocia.

    Segunda.- Entendemos que la eficiente administración del gobierno escocés durante los tres últimos lustros -en 1999 se constituyó el primer Ejecutivo escocés de la época moderna- ha ayudado a la consolidación de su autogobierno, a su positiva valoración por sus ciudadanos y al fortalecimiento de la identidad del Pueblo escocés, factores que han contribuido al ejercicio de su derecho de decisión sobre su futuro.

    Tercera.- Reconocemos el sentido y la sensibilidad democráticos de los partidos británicos denominados unionistas -conservadores, laboristas y liberal-demócratas- que, tras la victoria por mayoría absoluta del Scottish National Party (SNP) el 5 de Mayo de 2011, han aceptado con naturalidad que el futuro de Escocia se construya conforme a la voluntad de la ciudadanía escocesa. En ese sentido, acogemos y valoramos positivamente el intenso diálogo mantenido entre Londres y Edimburgo para dar cauce a las aspiraciones políticas del Pueblo Escocés, que culminó en el Acuerdo de Edimburgo suscrito el 15 de Octubre de 2012 por el Primer Ministro del Reino Unido, David Cameron, y el Ministro Principal de Escocia, Alex Salmond, en virtud del cual se pactó la celebración del referéndum y sus términos. Gran Bretaña, su gobierno y la ciudadanía británica han dado un glorioso ejemplo de respeto y de civilidad.

    Cuarta.- Creemos edificante que, en los actuales tiempos de desafección política, la campaña del referéndum, con sus dos agentes más importantes, “Yes Scotland” y “Better Together”, ejerciendo una divulgación extensa de sus propuestas, así como los debates públicos, hayan situado al ciudadano en el núcleo del protagonismo político, reconciliando a la sociedad con la política.

    Quinta.- Consideramos un notable avance civilizatorio que la construcción de un nuevo Estado se forje en la voluntad popular libremente expresada por sus ciudadanos, como establece el artículo 1.1 de la Convención Internacional de Derechos Civiles y Políticos, al expresar que “todos los pueblos tienen derecho a la libre determinación. En virtud de este derecho libremente determinan su estatus político y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural”.

    En este sentido, entendemos que el modelo escocés resulta un admirable ejemplo que prioriza la expresión de la voluntad popular y del derecho de decisión de los pueblos sobre el principio de integridad territorial de los Estados en el que se resguarda, antidemocráticamente, el atavismo político de los defensores de las históricas estructuras estatales que, recordemos, se han edificado, en muchos casos, bajo los pilares de los conflictos bélicos y la erradicación de las minorías nacionales.

    El caso escocés nos reafirma en el convencimiento de que la solución a los problemas de gobernanza en el interior de los Estados y de la propia Unión Europea debe venir de la mano del respeto, del diálogo, de la negociación y del acuerdo, así como de la aplicación de un sentido práctico y del alejamiento de dogmatismos que evite resultados y situaciones absurdas y cuestionables.

    Sexta.- Declaramos que nuestros partidos, siendo partidos de otras naciones europeas, no deben implicarse ni interferir en el debate ni en la decisión del pueblo escocés. El Pueblo Escocés decidirá con libertad sobre la pregunta planteada.

    Sin embargo, debemos expresar nuestra solidaridad con el Scottish National Party, confirmando que su propuesta de que una Escocia independiente se constituya en sujeto político estatal de la Unión Europea debe ser atendida por las Instituciones de la Unión y por sus Estados miembros, en tanto que resulta conforme al espíritu que anima la construcción europea y a los valores establecidos en el artículo 2 del Tratado de la Unión (respeto a la dignidad humana, la libertad y la democracia).

    Séptima- Declaramos que Escocia es la gran triunfadora del proceso: el referéndum -un gran ejercicio democrático- posibilita que sus ciudadanos decidan su propio destino. Y afirmamos que, sea cual sea el resultado del referéndum -continuidad de Escocia en el Reino Unido o Estado escocés independiente-, el futuro de la nación escocesa se definirá mediante el ejercicio del derecho de decisión del pueblo escocés. El modelo escocés es un referente de libertad para Europa y sus pueblos.

     

    En Edimburgo a 17de septiembre de 2014

     

     

  • 15/09/2014

    El PSN y el ámbito de decisión

    • Tipo: Opinión
    • Medio de comunicación: Diario de Noticias

    Se refería D. Roberto Jiménez el pasado10 de septiembre en el pleno monográfico sobre autogobierno al derecho a decidir. Señalaba que, como concepto, desde una perspectiva democrática tiene su lógica, pero que la clave estaba en el ámbito de decisión, es decir, en el sujeto político. Dicho de otra manera, en quién decide o puede decidir determinadas cuestiones. Hasta aquí, razonablemente de acuerdo.

    A continuación, subrayaba que la continuidad de Navarra en España, o la de Cataluña, afecta a todos los españoles (citaba por ejemplo a andaluces, extremeños) y que, por lo tanto, esa decisión no compete sólo a la ciudadanía navarra sino a la ciudadanía de todo el Estado. Destacó que ese concepto para él y para su partido era angular. Ahí está el meollo y nuestro profundo desacuerdo.

    Veamos. La ciudadanía escocesa va a decidir en solitario su futuro. Y es obvio que la continuidad o no de Escocia en el Reino Unido afecta también a Inglaterra, Gales o Irlanda del Norte. Nadie discute eso. Es incuestionable. Y sin embargo deciden sólo los escoceses y las escocesas. Y no creo que el Sr. Jiménez piense que el Sr. Cameron se ha vuelto loco.

    Me atrevería a decir más. En un mundo tan interdependiente como éste, cada vez de mayores soberanías compartidas, lo que decida la ciudadanía escocesa también afecta al resto de Europa. Nos afecta a los navarros y navarras,  y afecta también, por ejemplo, a la ciudadanía catalana, andaluza, bretona, corsa o bávara. Y no sólo nos afecta Escocia. También lo que está sucediendo en Ucrania y en qué medida pueda ello modificar el actual mapa europeo. Vivimos, y es algo inexorable, en un mundo lleno de realidades que afectan a la ciudadanía navarra y sobre las que ésta no puede decidir.

    La cuestión, en consecuencia, no es a quién afecta o no, sino si Navarra es una sociedad que, fruto de múltiples factores, es autopercibida por sus ciudadanos como una sociedad con identidad propia y diferenciada, ni mejor ni peor que nadie, como una sociedad madura que quiere tomar las decisiones más relevantes sobre su destino, consciente obviamente del mundo global en el que vivimos.

    En este terreno, es verdad que tan legítimo es sentir que Navarra sí tiene esa identidad propia como creer que no, que puede tener ciertos rasgos propios pero insuficientes para poder calificarlo como sujeto político diferenciado.

    La pregunta es: ¿está listo el PSN para aceptar, con la vista puesta en el futuro, que lo esencial es cómo se autoperciba la sociedad navarra, o considera el PSN que, piense y sienta la mayoría de la sociedad navarra lo que sea, existe una línea roja según la cual Navarra nunca podrá decidir sola su rumbo porque esa decisión corresponde por definición a toda la ciudadanía del Estado? Si le hacemos caso al Sr. Jiménez, la respuesta es clara. Nunca los navarros y las navarras podrán decidir solos ciertas cosas, aunque mayoritariamente quieran hacerlo.

    Es cierto que, hasta ahora, desde el final de la dictadura franquista, los partidos políticos que defienden que no corresponde a la ciudadanía navarra decidir si Navarra continúa dentro o fuera de España, sino que Navarra, con sus especificidades, forma parte inseparable de España han obtenido un respaldo mayoritario en las urnas.

    En la actual legislatura, UPN, PSN y PPN representan 32 de los 50 miembros del Parlamento Foral. Somos conscientes de esa realidad y la respetamos. Trataremos de convencer a cada vez más ciudadanos de que Navarra es un sujeto político capaz de tomar sus propias decisiones, trataremos de que cada vez más navarros y navarras sientan de esa manera, y en paralelo, en el marco legal vigente, trabajaremos con todas nuestras fuerzas al menos para defender y mejorar el autogobierno que tenemos reconocido, convencidos de que las decisiones tomadas desde Navarra se adaptan mejor a los problemas específicos de nuestra ciudadanía, un autogobierno que de facto se ha visto limitado en los últimos años.

    En cualquier caso, ¿cuál será la actitud de UPN, PSN y PPN si los resultados en las urnas no siguen respaldando esa mayoría? ¿Será la misma que PP y PSOE están dando ahora en Cataluña? ¿Será la misma que ya dieron PP y PSOE en su momento a la CAV? ¿La de señalar que da igual que haya una mayoría en Cataluña o en la CAV que sienta de una determinada manera, ya que eso lo decide España? ¿Tendrán la capacidad de dar de verdad el salto al siglo XXI e interiorizarán que un matrimonio no se puede mantener si una de las dos partes no quiere? ¿Se darán cuenta de que ya no es como en el siglo XIX que la mujer no se podía divorciar sin el permiso del marido? ¿No les parecerá imprescindible saber lo que piensa y quiere cada una de las partes? ¿No reconocerán a Navarra como una de las partes aunque una mayoría amplia se sienta como tal? ¿Reconocerán que, tanto si se desea seguir juntos como si se prefiere seguir caminos separados, la forma de hacerlo deberá ser acordada también por las partes?

     

  • 15/09/2014

    La soledad de la mayoría absoluta

    • Tipo: Opinión
    • Medio de comunicación: El Pais

    Cada vez es más habitual escuchar que crece el desapego de la ciudadanía hacia la política. No lo comparto. Menos aún en este inicio de curso político realmente apasionante, con el referéndum de Escocia o la consulta en Cataluña en el horizonte cercano, que hacen que la ciudadanía sí se interese por la política. Por la política con mayúsculas, claro.

    Desapego es lo que pueden sentir en realidad los potenciales votantes del PP en Euskadi. Un partido incapaz de definir un proyecto con perfil propio para nuestro país, lastrado además por las negativas políticas de Rajoy. El presidente del Gobierno español demuestra un desapego hacia Euskadi que agudiza el desapego de la ciudadanía vasca hacia su partido. En realidad su formación vive el momento de valoración pública más bajo de su historia. El modo y manera en que impone su mayoría absoluta tanto en el Congreso como en el Senado alimenta este desapego. El PP está lanzando ya su precampaña electoral: se suceden los globos sonda mientras se cambian las leyes sin consenso, se alimenta el enfrentamiento y la confrontación tratando de disimular la inacción ante los continuos casos de corrupción que corroen los cimientos de la política española.

    El Gobierno del PP va solo y por libre, ni siente ni padece los problemas de la sociedad. En estos momentos, la opinión mayoritaria está en su contra: la ley del aborto, la reforma eléctrica, la aplicación de la LOMCE, el efecto de la reforma laboral... son proyectos cuestionados hasta en sus propias filas. La actitud de Rajoy tratando de resistir parapetado tras su mayoría absoluta la ha acabado tornando en minoría social.

    Tanto y tanto desapego ha alcanzado inexorablemente al tradicional bipartidismo que reina en el Estado, que por cierto sigue siendo monárquico tras un relevo express y a la carta, por obra y gracia del partido mayoritario, previa consulta con el PSOE. En esta fértil tierra de indignados y descreídos han germinado con facilidad nuevos partidos políticos que han generado preocupación en las bases y anuncian procesos electorales que podrían traer nuevos equilibrios de poder.

    En esta deriva, la interesada maniobra de distracción urdida con la propuesta para cambiar la elección de alcaldes merece comentario aparte. Una nueva demostración de la particular visión de la democracia y el concepto del servicio público que tiene el PP. A escasos meses de la convocatoria electoral y como preludio de su precampaña ha presentado, ha ingeniado más bien, una nueva norma que pervierte la voluntad de la ciudadanía. En un evidente ejercicio de parcialidad ventajista pretendía premiar al partido mayoritario en los comicios municipales con un voto que el ciudadano, único soberano del sufragio, no había depositado en las urnas.

    Ha sido una “alcaldada”, nunca mejor dicho, que ha acabado en nada. Ha sido la enésima prueba del infinito descaro con el que el PP ha estado funcionando toda la legislatura. Solo una mayoría absoluta muy absolutista ha podido animar al PP a pretender regalarse una norma que le pudiera garantizar gobernar en aquellos municipios en los que la ciudadanía no le otorgara la mayoría suficiente. El absoluto rechazo que ha recibido semejante “globo” ha acabado por pincharlo.

    Es habitual afirmar que la mayoría absoluta acaba siendo perjudicial para el funcionamiento de la democracia porque es habitualmente mal gestionada por el partido que la disfruta. El PP ha hecho uso y abuso de esa herramienta de la peor manera posible. No ha sabido ni querido gestionarla y a estas alturas no le va a ser fácil corregirse. De hecho, ni lo intenta, se encuentra más bien exprimiendo las últimas gotas de su disfrute.

    Mi experiencia me ha demostrado que la mayoría absoluta sí puede ser empleada para mostrar generosidad con el adversario político, más aún en estos tiempos de dificultades e incertidumbre en que las verdades absolutas no existen. No ha sido desde luego el caso del PP, no lo fue con Aznar y tampoco con Rajoy. Ambos iniciaron la legislatura con una pretendida actitud abierta, para cerrarla de la peor manera posible: encerrados en sí mismos, absolutamente solos de solemnidad ante la sociedad.

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