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  • 19/09/2014

    Un día hacia el futuro

    • Tipo: Opinión
    • Medio de comunicación: Deia

    Este jueves, 18 de septiembre, las nubes pueblan el cielo de Escocia: un día gris. Sin embargo, la atmósfera de Edimburgo, como la de otras áreas de la antigua Caledonia romana, es fantástica: el día se vive con intensidad y alegría. Las calles están inundadas de ciudadanos que acuden a los colegios electorales para depositar su voto en el referéndum, para decidir democráticamente sobre el futuro de la nación escocesa. Un día especial, un día histórico.

    Edimburgo es la segunda urbe y la capital de Escocia. Una ciudad, apodada la Atenas del Norte, que fue el núcleo de la Ilustración escocesa, una referencia singular para otros países, incluidos Francia e Inglaterra, en el siglo XVIII. Los intelectuales, los economistas, los técnicos, los científicos escoceses constituyeron a Escocia como un foco de modernidad. Se provocó una gran transformación de su estructura económica, su internacionalización, la educación, el impulso de los derechos humanos... Escocia, que era uno de los países más retrasados de Europa, prosperó enormemente. Construyo un modelo. Voltaire así lo confirmaba expresando que su mirada se dirigía hacia Escocia para encontrar todas nuestras ideas sobre la civilización.

     

    Han transcurrido más de dos siglos desde ese destacado periodo. Un paseo por la Royal Mail Street de Edimburgo, la visión de sus históricos edificios civiles, sus colinas y castillos, las estatuas de homenaje a David Hume y Adam Smith... evocan aquella época. La identidad y la cultura escocesa se ven representadas en esas referencias. Y en otros muchos símbolos y patrimonios propios como la lengua gaélica, sus selecciones deportivas, los kilt, las gaitas y la Cruz de San Andrés.

     

    Una nación que vive un momento especial. Una nación reconocida como tal en la propia Gran Bretaña, un Estado multinacional. Tras un poco más de 300 años desde el Acta de Unión, hoy Escocia, su ciudadanía, da una respuesta sobre su futuro. Scotland decides. Un referéndum que es el hito decisivo de un proceso asumido y acordado por el Gobierno británico y el Gobierno escocés en el Acuerdo firmado en esta ciudad de Edimburgo el 15 de octubre de 2012, hace menos de dos años. Un acuerdo que expresa el compromiso de ambos gobiernos para que el referéndum acredite el cumplimiento de los más altos estándares de legitimidad, transparencia y corrección. Un acuerdo que indica que todo el mundo deberá respetar el resultado de la consulta. Un acuerdo edificante, ilustrativo de la calidad de la cultura democrática del Reino Unido, de sus instituciones, partidos y de su ciudadanía.

    La cultura democrática se ha patentizado de manera muy profunda en el periodo de campaña. Dos grandes grupos -Yes Scotland vs. Better Together- han desarrollado una campaña cuyo debate político, pese a su complejidad, ha sido amplio, respetuoso y participativo. Los ciudadanos han acogido su trascendencia, como demuestra que casi el 97% de los electores se hayan inscrito para el ejercicio del voto: un porcentaje inédito y desconocido hasta el presente en las citas electorales de las Islas, que parece significar un reencuentro de la ciudadanía con la política, factor de orden muy positivo.

    La campaña ha conocido obviamente sus vicisitudes. En su inicio, las encuestas apuntaban reiteradamente hacia un holgado triunfo del ‘No’. Se ha ido produciendo un acercamiento progresivo durante las últimas semanas, hasta el momento en que surgió la encuesta que predecía una victoria del ‘Sí’. Ayer, la BBC informaba de que la ‘poll of polls’ determinaba un 49% al ‘Yes’ frente a un 51%  al ‘No’. Existe, por tanto, una amplia inseguridad sobre el resultado, que parece localizarse en posición del filo de una navaja. Estos vaivenes han producido una quiebra importante de la tranquilidad y atonía con la que, desde los primeros momentos, se observaba el proceso desde Westminster.

    Better Together ha tratado, desde el primer minuto, de foguear el temor ciudadano ante los riesgos, sustancialmente económicos, que acompañarían a la independencia escocesa que, según su planteamiento, constituiría un manantial de peligros. Una parte importante de la ciudadanía ha considerado que esa posición suponía estimular el miedo, mantener un ‘statu quo’ escasamente aceptable y minusvalorar las capacidades y aptitudes de la nación escocesa para la construcción de su futuro, de tal manera que contradecía abiertamente el histórico lema escocés “Nadie me ofende impunemente”. En definitiva, como parece observarse de la evolución de las encuestas, incluso un porcentaje abundante del voto laborista, históricamente mayoritario en Escocia, ha modificado su posición al resultarle ajena y perturbadora la idea de la inmadurez escocesa para actuar como una nación en el mundo, al considerar que ello significaba una auténtica humillación de la autoestima y del orgullo escocés nutrido, desde hace muchos siglos, en oposición al inglés.

    Yes Scotland, por el contrario, ha desplegado rasgos entusiastas y positivos, con un reclutamiento exitoso de voluntarios que han recorrido puerta a puerta el país. La juventud ha supuesto una enorme ayuda a su campaña. La disimilitud de las formaciones políticas mayoritarias entre Holyrood y Westminster, la asintonía profunda entre el conservadurismo mayoritario en Inglaterra -con el oprobioso recuerdo de la época thatcheriana- y la socialdemocracia o el centro izquierda dominante en la sociedad escocesa, el mantenimiento de los valores sociales del comunitarismo y del sistema público de bienestar frente al capitalismo financiero y el individualismo neoliberal e, incluso, la diferencia de posiciones en relación a la Unión Europea han contribuido al viraje de la posición de muchos ciudadanos hacia el ‘Sí’. Asimismo, el Ministro Principal, Alex Salmond, ha sido más brillante, persuasivo y creíble que el líder del ‘No’, Alistair Darling.

    El proceso, en fin, ha encendido las luces rojas en Londres. En los últimos días de campaña, los líderes de Westminster han acudido a Escocia apelando, en estos momentos, a los afectos y sentimientos de fraternidad y comunidad del Reino Unido. Base sentimental que se une a los argumentos económicos. Y, adicionalmente, ‘last but not least’, los tres partidos unionistas del Reino Unido, en un alarde de malabarismo, han acordado ofrecer un autogobierno de mayor grado a Escocia, propuesta que, hace varios años, fue planteada por Alex Salmond como la tercera pregunta del referéndum y que fue rechazada por Cameron ante su visión segura de la victoria en aquellos momentos.

    Una campaña electoral, en fin, que ha sido profundamente seguida y observada en la Unión Europea y en sus Estados miembros. Es un dato incontrovertible. Escocia ha sido un actor protagonista en el teatro europeo en estos últimos meses.

    Las urnas ya han cerrado. El resultado será público cuando estas líneas vean la luz. La decisión del pueblo escocés es libre: su senda nacional es propia. Una decisión que, como expresa el Acuerdo de Edimburgo, debe ser respetada por todos, sea cual sea su signo.

    La enseñanza esencial del proceso no estriba en el resultado que, con toda seguridad, provocará desgarros y encendidas pasiones en uno u otro flanco. Se deberán aquietar entre todos con respeto y civismo. La cuestión central se localiza en el hecho de que Escocia ha abierto un nuevo camino de democracia al ser la primera nación de la Unión Europea que ejercita su derecho de decisión. Escocia es, por tanto, un referente de libertad para Europa y sus pueblos. Recojamos el modelo del Acuerdo de Edimburgo: diálogo, negociación, acuerdo y reconocimiento del derecho de decisión. Calidad democrática, en definitiva.

    Es evidente que, sea cual sea el resultado, las cosas ya no serán iguales en las Islas. Escocia ha constituido un catalizador para la reforma institucional y social de Gran Bretaña. La independencia -tras un proceso de negociación cuya duración se estima en dieciocho meses- fracturará la estructura político-institucional británica, aunque ello no suponga la reintegración de la frontera del Muro de Adriano ni el total alejamiento entre Inglaterra y Escocia, miembros de la Unión Europea. El fortalecimiento del autogobierno escocés determinará, asimismo, una profunda modificación del actual esquema.

    Escocia ha ganado, sea cual sea el resultado. Y Escocia ha trabajado para construir un modelo de referencia para las naciones europeas. Sigamos a Voltaire…

  • 17/09/2014

    Manifiesto: referéndum de Escocia

    • Tipo: Manifiesto

    Ante la celebración, el próximo día 18 de septiembre, del referéndum en relación a la independencia de Escocia, Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), Nieuw-Vlaamse Alliantie (N-Va) y Eusko Alderdi Jeltzalea-Partido Nacionalista Vasco (EAJ-PNV) expresan las siguientes consideraciones:

    Primera.- Saludamos a la Nación Escocesa y felicitamos a sus ciudadanos que, en virtud del derecho que les asiste como Pueblo, determinarán libre y democráticamente, mediante dicho referéndum, el futuro de Escocia.

    Segunda.- Entendemos que la eficiente administración del gobierno escocés durante los tres últimos lustros -en 1999 se constituyó el primer Ejecutivo escocés de la época moderna- ha ayudado a la consolidación de su autogobierno, a su positiva valoración por sus ciudadanos y al fortalecimiento de la identidad del Pueblo escocés, factores que han contribuido al ejercicio de su derecho de decisión sobre su futuro.

    Tercera.- Reconocemos el sentido y la sensibilidad democráticos de los partidos británicos denominados unionistas -conservadores, laboristas y liberal-demócratas- que, tras la victoria por mayoría absoluta del Scottish National Party (SNP) el 5 de Mayo de 2011, han aceptado con naturalidad que el futuro de Escocia se construya conforme a la voluntad de la ciudadanía escocesa. En ese sentido, acogemos y valoramos positivamente el intenso diálogo mantenido entre Londres y Edimburgo para dar cauce a las aspiraciones políticas del Pueblo Escocés, que culminó en el Acuerdo de Edimburgo suscrito el 15 de Octubre de 2012 por el Primer Ministro del Reino Unido, David Cameron, y el Ministro Principal de Escocia, Alex Salmond, en virtud del cual se pactó la celebración del referéndum y sus términos. Gran Bretaña, su gobierno y la ciudadanía británica han dado un glorioso ejemplo de respeto y de civilidad.

    Cuarta.- Creemos edificante que, en los actuales tiempos de desafección política, la campaña del referéndum, con sus dos agentes más importantes, “Yes Scotland” y “Better Together”, ejerciendo una divulgación extensa de sus propuestas, así como los debates públicos, hayan situado al ciudadano en el núcleo del protagonismo político, reconciliando a la sociedad con la política.

    Quinta.- Consideramos un notable avance civilizatorio que la construcción de un nuevo Estado se forje en la voluntad popular libremente expresada por sus ciudadanos, como establece el artículo 1.1 de la Convención Internacional de Derechos Civiles y Políticos, al expresar que “todos los pueblos tienen derecho a la libre determinación. En virtud de este derecho libremente determinan su estatus político y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural”.

    En este sentido, entendemos que el modelo escocés resulta un admirable ejemplo que prioriza la expresión de la voluntad popular y del derecho de decisión de los pueblos sobre el principio de integridad territorial de los Estados en el que se resguarda, antidemocráticamente, el atavismo político de los defensores de las históricas estructuras estatales que, recordemos, se han edificado, en muchos casos, bajo los pilares de los conflictos bélicos y la erradicación de las minorías nacionales.

    El caso escocés nos reafirma en el convencimiento de que la solución a los problemas de gobernanza en el interior de los Estados y de la propia Unión Europea debe venir de la mano del respeto, del diálogo, de la negociación y del acuerdo, así como de la aplicación de un sentido práctico y del alejamiento de dogmatismos que evite resultados y situaciones absurdas y cuestionables.

    Sexta.- Declaramos que nuestros partidos, siendo partidos de otras naciones europeas, no deben implicarse ni interferir en el debate ni en la decisión del pueblo escocés. El Pueblo Escocés decidirá con libertad sobre la pregunta planteada.

    Sin embargo, debemos expresar nuestra solidaridad con el Scottish National Party, confirmando que su propuesta de que una Escocia independiente se constituya en sujeto político estatal de la Unión Europea debe ser atendida por las Instituciones de la Unión y por sus Estados miembros, en tanto que resulta conforme al espíritu que anima la construcción europea y a los valores establecidos en el artículo 2 del Tratado de la Unión (respeto a la dignidad humana, la libertad y la democracia).

    Séptima- Declaramos que Escocia es la gran triunfadora del proceso: el referéndum -un gran ejercicio democrático- posibilita que sus ciudadanos decidan su propio destino. Y afirmamos que, sea cual sea el resultado del referéndum -continuidad de Escocia en el Reino Unido o Estado escocés independiente-, el futuro de la nación escocesa se definirá mediante el ejercicio del derecho de decisión del pueblo escocés. El modelo escocés es un referente de libertad para Europa y sus pueblos.

     

    En Edimburgo a 17de septiembre de 2014

     

     

  • 15/09/2014

    El PSN y el ámbito de decisión

    • Tipo: Opinión
    • Medio de comunicación: Diario de Noticias

    Se refería D. Roberto Jiménez el pasado10 de septiembre en el pleno monográfico sobre autogobierno al derecho a decidir. Señalaba que, como concepto, desde una perspectiva democrática tiene su lógica, pero que la clave estaba en el ámbito de decisión, es decir, en el sujeto político. Dicho de otra manera, en quién decide o puede decidir determinadas cuestiones. Hasta aquí, razonablemente de acuerdo.

    A continuación, subrayaba que la continuidad de Navarra en España, o la de Cataluña, afecta a todos los españoles (citaba por ejemplo a andaluces, extremeños) y que, por lo tanto, esa decisión no compete sólo a la ciudadanía navarra sino a la ciudadanía de todo el Estado. Destacó que ese concepto para él y para su partido era angular. Ahí está el meollo y nuestro profundo desacuerdo.

    Veamos. La ciudadanía escocesa va a decidir en solitario su futuro. Y es obvio que la continuidad o no de Escocia en el Reino Unido afecta también a Inglaterra, Gales o Irlanda del Norte. Nadie discute eso. Es incuestionable. Y sin embargo deciden sólo los escoceses y las escocesas. Y no creo que el Sr. Jiménez piense que el Sr. Cameron se ha vuelto loco.

    Me atrevería a decir más. En un mundo tan interdependiente como éste, cada vez de mayores soberanías compartidas, lo que decida la ciudadanía escocesa también afecta al resto de Europa. Nos afecta a los navarros y navarras,  y afecta también, por ejemplo, a la ciudadanía catalana, andaluza, bretona, corsa o bávara. Y no sólo nos afecta Escocia. También lo que está sucediendo en Ucrania y en qué medida pueda ello modificar el actual mapa europeo. Vivimos, y es algo inexorable, en un mundo lleno de realidades que afectan a la ciudadanía navarra y sobre las que ésta no puede decidir.

    La cuestión, en consecuencia, no es a quién afecta o no, sino si Navarra es una sociedad que, fruto de múltiples factores, es autopercibida por sus ciudadanos como una sociedad con identidad propia y diferenciada, ni mejor ni peor que nadie, como una sociedad madura que quiere tomar las decisiones más relevantes sobre su destino, consciente obviamente del mundo global en el que vivimos.

    En este terreno, es verdad que tan legítimo es sentir que Navarra sí tiene esa identidad propia como creer que no, que puede tener ciertos rasgos propios pero insuficientes para poder calificarlo como sujeto político diferenciado.

    La pregunta es: ¿está listo el PSN para aceptar, con la vista puesta en el futuro, que lo esencial es cómo se autoperciba la sociedad navarra, o considera el PSN que, piense y sienta la mayoría de la sociedad navarra lo que sea, existe una línea roja según la cual Navarra nunca podrá decidir sola su rumbo porque esa decisión corresponde por definición a toda la ciudadanía del Estado? Si le hacemos caso al Sr. Jiménez, la respuesta es clara. Nunca los navarros y las navarras podrán decidir solos ciertas cosas, aunque mayoritariamente quieran hacerlo.

    Es cierto que, hasta ahora, desde el final de la dictadura franquista, los partidos políticos que defienden que no corresponde a la ciudadanía navarra decidir si Navarra continúa dentro o fuera de España, sino que Navarra, con sus especificidades, forma parte inseparable de España han obtenido un respaldo mayoritario en las urnas.

    En la actual legislatura, UPN, PSN y PPN representan 32 de los 50 miembros del Parlamento Foral. Somos conscientes de esa realidad y la respetamos. Trataremos de convencer a cada vez más ciudadanos de que Navarra es un sujeto político capaz de tomar sus propias decisiones, trataremos de que cada vez más navarros y navarras sientan de esa manera, y en paralelo, en el marco legal vigente, trabajaremos con todas nuestras fuerzas al menos para defender y mejorar el autogobierno que tenemos reconocido, convencidos de que las decisiones tomadas desde Navarra se adaptan mejor a los problemas específicos de nuestra ciudadanía, un autogobierno que de facto se ha visto limitado en los últimos años.

    En cualquier caso, ¿cuál será la actitud de UPN, PSN y PPN si los resultados en las urnas no siguen respaldando esa mayoría? ¿Será la misma que PP y PSOE están dando ahora en Cataluña? ¿Será la misma que ya dieron PP y PSOE en su momento a la CAV? ¿La de señalar que da igual que haya una mayoría en Cataluña o en la CAV que sienta de una determinada manera, ya que eso lo decide España? ¿Tendrán la capacidad de dar de verdad el salto al siglo XXI e interiorizarán que un matrimonio no se puede mantener si una de las dos partes no quiere? ¿Se darán cuenta de que ya no es como en el siglo XIX que la mujer no se podía divorciar sin el permiso del marido? ¿No les parecerá imprescindible saber lo que piensa y quiere cada una de las partes? ¿No reconocerán a Navarra como una de las partes aunque una mayoría amplia se sienta como tal? ¿Reconocerán que, tanto si se desea seguir juntos como si se prefiere seguir caminos separados, la forma de hacerlo deberá ser acordada también por las partes?

     

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